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martes, marzo 29, 2022

Ucrania y las otras guerras

 «Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: Yo mato para robar.»

Eduardo Galeano

Desde el 24 de febrero la atención mundial está puesta en Ucrania. Pero hay otras guerras en el mundo. Según la escuela de la paz de Cataluña hay 18 conflictos de alta y mediana intensidad

Camerun, Etiopía, Yemen, Myanmar, Siria, Malí, Níger, Burkina Faso, Somalia, Congo, Mozambique, Afganistán, Uganda son algunos puntos del planeta donde también hay conflictos armados.

Afganistán: el gobierno de Estados Unidos invadió el país alegando que los talibanes estaban detrás de los ataques del 11-S. Tras 20 años de intensos combates y miles de muertos, los talibanes volvieron al poder en agosto de 2021. El nivel de violencia ha disminuido en el país, pero las ONG ahora advierten que Afganistán se enfrentará una de las crisis humanitarias más graves que jamás haya visto debido a las sanciones y el aislamiento impuestos por gran parte del mundo.

Hay grupos yihadistas que intentan dominar diferentes regiones de varios países, como Malí, Níger, Burkina Faso, Somalia, y Mozambique.

Congo: Explicar el conflicto en el Congo no es fácil: hay muchas causas y causalidades. Este país es uno de los más ricos del mundo, pero la mayoría de la población vive en la miseria.La expectativa de vida no llega a los 50 años.

El Congo tiene una abundante riqueza mineral. Posee más del 70% del coltan mundial. También tiene el 30% de las reservas mundiales de diamantes; vastos depósitos de cobalto, cobre, bauxita, gas, petróleo, y también uranio. Pese a esto, la inmensa mayoría de los congoleños vive en la miseria, lo que explica la naturaleza del conflicto.

Sin embargo, el saqueo que sufre el Congo no es de ahora, lleva siglos, desde finales del año 1400 con el tráfico de esclavos a Europa y luego hacia América latina, Brasil y Uruguay: la mayoría de los afrodescendientes uruguayos provienen del Congo, pasando por el uso de patio trasero que hizo Bélgica.

Del Congo se extrajo el uranio que activó las bombas arrojadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki. Este país hace casi 60 años que se vive en estado de guerra, pero desde agosto de 1998 se desarrolla un silencioso genocidio por la pugna entre las etnias tutsi y hutu, acicateadas por oscuros intereses. Esta guerra formalmente termino en el año 2003, con un gobierno de transición, ratificado por las elecciones del año 2006, que mantuvo en el poder a Joseph Kabila, hijo del Laurent Desiree Kabila, asesinado en el año 2001.

Sin embargo, el conflicto continua. Es el más sangriento desde la segunda guerra mundial: entre muertos directos e indirectos suma unos cuatro millones, además de más de un millón de desplazados.

Y en medio del caos que siempre produce la guerra hay quienes calladamente se benefician; China es ejemplo. Las empresas de ese país aprovechan la incapacidad gubernamental y a cambio de alguna obra de infraestructura se llevan una montaña, que seguro esconde en su seno algún tesoro: coltan, oro o diamantes.

Este sanguinario conflicto se lo conoce como la guerra del coltan, ya que el proceso se inicia en el Congo con la extracción ilegal del mineral, que se hace con trabajo casi esclavo para que rinda mucho más desde el punto de vista económico. Luego es trasladado, también ilegalmente, al país vecino, Rwanda, que, a pesar de no ser productor de coltan, es uno de los principales exportadores del mundo.

En Rwanda se inicia un circuito de exportación, ahora legal, que traslada este mineral a los países de la ex Unión Soviética: Ucrania, Kazajstán, Bielorrusia, Rusia, donde es procesado.

Posteriormente viaja a otros países, como Malasia, China, India, Corea del sur, donde el mineral es transformado en microchips y luego va a Japón, Estados Unidos o los países nórdicos, donde están las sedes de las multinacionales de la electrónica, donde se los incorpora a los aparatos de alta tecnología. Y de allí, directo a nuestras manos.

Siria: en guerra contra el régimen del presidente Bashar al Asad en 2011 una guerra civil a gran escala. El conflicto lleva más de 380.000 muertos, ha arrasado ciudades e involucrado a otros países. Más de 200.000 personas están desaparecidas. La guerra ha disminuido en intensidad, ya que el presidente logró dominar gran parte del país. Aunque aún hay resistencia en muchas zonas de Siria, y los observadores internacionales creen que el conflicto no está cerca de terminar.

Myanmar: otra región que ha registrado tensiones políticas y étnicas desde hace años, y muchos analistas creen que el país se encuentra en medio de una guerra civil. Los militares de Ejército dieron un golpe de Estado y tomaron el control del país el 1 de febrero de 2021, después de unas elecciones generales que ganó por amplia margen la líder Aung San Suu Kyi. La ONG International Rescue Committee cree que hay 220.000 personas desplazadas desde 2021. Y más de 14 millones de personas (más del 25% de la población del país) necesitan algún tipo de ayuda humanitaria. Se cree que más de 10.000 personas murieron por el conflicto desde febrero del año pasado.

Yemen: el conflicto tiene sus raíces en el fracaso de un proceso político que se suponía traería estabilidad a Yemen después de la Revolución Yemení de 2011, que fue parte de la Primavera Árabe, que obligó al presidente autoritario de larga data Alí Abdalá Salé a entregar el poder a su vicepresidente, Abd Rabbuh Mansur Hadi. Los analistas esperaban que la guerra durara unas pocas semanas, pero lleva ya ocho años y en los últimos hubo una escalada de violencia. Irán y Arabia Saudita, han estado involucrados en el conflicto. La coalición recibió apoyo logístico y de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido y Francia.

Camerún: En el origen del conflicto está un solo elemento: el agua. El calentamiento global es ya una auténtica realidad en esta región del Sahel, donde las temperaturas están subiendo 1,5 veces más rápido que la media mundial y donde la ONU estima que el 80% de las tierras agrícolas están degradadas.

Los pastores árabes choa y los pescadores y agricultores de Mousgoum se enfrentan por el control de los escasos recursos hídricos del territorio. Desde el mes de agosto, 19 aldeas han sido incendiadas y otras 40 han sido abandonadas por sus asustados habitantes, en un conflicto civil que ya ha causado 45 muertes y 74 heridos.

Etiopía: el conflicto estalló en noviembre de 2020, es uno de los más brutales del mundo actual, con informes de asesinatos de civiles y violaciones masivas, según Amnistía Internacional. Hay 900.000 personas muriendo de hambre, según estimaciones del gobierno de Estados Unidos. Los rebeldes que luchan en el país dicen que más de 9 millones de etíopes necesitan algún tipo de ayuda alimentaria. El origen de todo una disputa entre diferentes etnias que llevan casi 30 años intentando convivir. Desde 1994, Etiopía tiene un sistema de gobierno federal, a veces llamado federalismo étnico, en el que cada una de las diez regiones del país está controlada por diferentes grupos étnicos.

La región más preocupante es Tigray, controlada por un partido político llamado Frente Popular de Liberación, que lideraba una coalición de cuatro partidos que gobernó Etiopía desde 1991. El político Abiy Ahmed Ali se convirtió en primer ministro y destituyó a los principales líderes gubernamentales acusados de corrupción y represión, poniendo fin a una disputa territorial de larga data con Eritrea y recibió el Premio Nobel de la Paz en 2019.

Según datos de ACNUR, 45.449 personas refugiadas originarias de la región etíope de Tigray han huido hacia Sudán; 96.000 personas refugiadas originarias de Eritrea se encuentran en la Región de Tigray. Y los datos siguen aumentando.

Ucrania: Partimos, por supuesto, de la incuestionable responsabilidad del gobierno ruso en iniciar un conflicto bélico que está causando miles de muertes, destrucción generalizada, desplazamientos masivos con impactos globales. Nada justifica la invasión del territorio ucraniano, menos aún bajo imaginarios reaccionarios y de vocación imperialista.

Ucrania es un enclave paradigmático a escala global. Además de contar con un volumen significativo de gas, petróleo y uranio, atesora las mayores reservas de litio y tierras raras de todo el continente europeo. Estos últimos son minerales metálicos clave para la economía actual (teléfonos móviles, turbinas eólicas, automóviles eléctricos, etc.), cuya demanda se ha multiplicado exponencialmente dentro de un mercado mundial que controla China en un 80%, y que ya da síntomas de saturación. Ucrania es considerada, a su vez, no solo el granero de Europa, sino de un marco geográfico más amplio que incluye el Norte de África y Oriente Próximo.

Ucrania evidentemente no es un conflicto local sino internacional, activado desde hace tiempo por la actuación de todas las potencias globales, las cuales atesoran su mayor o menor cuota de responsabilidad en favorecer, azuzar e incluso fortalecer la espiral bélica vigente.

Esta guerra podría terminar con algún acuerdo entre Rusia y Ucrania o desembocar en la tercera guerra mundial con las principales potencias nucleares involucradas (¡¡¡caramba nunca pensé que diría esto!!!